- ¿Te has dado cuenta de que todas las máquinas tiene su razón de ser?- le dijo Hugo a Isabelle, recordando lo que había dicho su padre la primera vez que le había hablado del autómata-. Sus creadores las construyen para que la gente se ría, como este ratoncillo; para saber qué hora es, como los relojes, para que todo el mundo se asombre viéndolas, como el autómata... Tal vez esa sea la razón de que las máquinas rotas resulten tan triistes: ya no pueden cumplir con el propósito para el que fueron creadas.
Isabelle cogió el ratón, volvió a darle cuerda y lo dejó de nuevo en el mostrador.
- Puede que ocurra lo mismo con la gente - prosiguió Hugo -. Si dejas de tener un propósito en la vida es como... como si te rompieras.
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Dr. House: Usted tiene un parásito.
Jill: ¿Como un gusano o algo así? (...) ¿Se puede hacer algo al respecto?
Dr. House: Solo por un mes o algo así. Después de eso es ilegal sacarlo, excepto en unos cuantos estados.
Jill: ¿Ilegal?
Dr. House: No se preocupe. Muchas mujeres aprenden a querer este parásito. Le ponen nombre, lo visten con ropa pequeñita, arreglan citas de juego con otros parásitos...
Jill: ¿Juegan?
Dr. House: Tiene tus ojos.
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Ahora Woody, él ha sido mi amigo desde que tengo memoria. Es valiente, como debería ser un vaquero. Y amable, e inteligente. Pero lo que hace que Woody sea especial, es que nunca te abandonará… nunca. Estará ahí para tí, sin importar qué pase.
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—¿Qué haces ahí? —preguntó al bebedor que estaba sentado en silencio ante un sinnúmero de botellas vacías y otras tantas botellas llenas.
—¡Bebo! —respondió el bebedor con tono lúgubre.
—¿Por qué bebes? —volvió a preguntar el principito.
—Para olvidar.
—¿Para olvidar qué? —inquirió el principito ya compadecido.
—Para olvidar que siento vergüenza —confesó el bebedor bajando la cabeza.
—¿Vergüenza de qué? —se informó el principito deseoso de ayudarle.
—¡Vergüenza de beber! —concluyó el bebedor, que se encerró nueva y definitivamente en el silencio.
Y el principito, perplejo, se marchó.
Los adultos son decididamente muy pero muy extraños, se decía a sí mismo durante el viaje.
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